Quién soy…

Hace más de veinte años el artista español Horflandes comenzó su andadura. Entre los estudios en Bellas Artes, trabajos de supervivencia y actividad docente ha convivido su vida artística. Lucha constante por abrir un camino entre lo que el interior manda y las manos reproducen. Obsesión por expresar de forma libre sin dejar de sentir en cada pincelada y silencio, sin dejar de aprender con cada error y grito, su obra fue creciendo de forma lenta. De tal manera su estudio fue acumulando lienzos, tablas y papeles que no traspasarían la puerta; aislamiento que pertenece al saber que el aprendizaje artístico es duro y pausado, y que en algún momento deseará ofrecer una recompensa.

La raíz de su trabajo yace en el convencimiento de que el Arte significa sentir más que reflexionar. Que el mejor momento de una creación es cuando se gesta. La obra nos enseña el camino y nos habla, y todo lo que digamos de ella sobra. Por tanto, Horflandes le ha dado siempre una gran importancia a la escucha activa de su obra, reconocer en cada línea o mancha una fuente de sabiduría que le hiciese crecer. Generar en su trabajo la manera de conectar con la vida y lo que esconde para ser descubierto.

Artista que trabaja por series, realizadas en varios años. Obra como conjunto y no individual. Ha pasado por diferentes etapas con el objetivo común de la expresión del ser humano y el reflejo de su alma. Series donde el rostro siempre ha sido el protagonista, intentando alcanzar una brizna del brillo de la mirada. Representar la profundidad que sólo los ojos saben brindar. Estos últimos años, sin embargo, ha trabajado muy intensamente en el gesto del baile flamenco, fuente de inspiración infinita y sabia.

Con el objetivo claro la técnica fue mutando en el tiempo. Ha pasado por el óleo, gouache, acuarela o grafito y ha acabado, por el momento, en una veneración casi mística por la tinta china. Su sencillez abre las puertas a una expresión desnuda; blanco, negro y lo que el agua sugiera sobre el papel. La humildad de los elementos obliga a sacar todo su partido y, lo más importante, la creación es activa en la búsqueda, por lo que el alma no muere.

El contraste entre la luz y la sombra siempre ha sido uno de los pilares de su obra, de esta manera la fuerza de la expresión se potencia. Y por otro lado las manchas y salpicaduras, aparentemente fruto del azar, conviven de forma meditada. El lenguaje artístico va adquiriendo forma a cada paso y los caminos que están por explorar esperan.

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